Existen algunas enfermedades duras, otras desconocidas, una que otra que pasa por desapercibida, y de vez en cuando, una enfermedad llega haciendo tanto ruido que impacta muchas vidas. Este es el caso de Julián López, un dulce y alegre niño de 11 años, oriundo de Mocoa Putumayo que sufre de neurofibromatosis tipo 1. Camilo López, el padre de Julián, sobrelleva la enfermedad de su hijo, pues aunque no la padece, la vive día a día, buscando los mejores tratamientos y encontrando los medios para hacer feliz a su hijo dentro del marco de esta dura situación.

Pero en medio de la adversidad, Camilo y Julián lograron encontrar ángeles que se cruzaron en su camino, la Fundación Proyecto Unión y Fundación Dharma, que los acogieron en Bogotá y vienen acompañando durante su tratamiento que se realiza bajo el auspicio del Hospital San Ignacio. Y junto a ellos se sumó la aerolínea Satena que extiende sus alas hasta el Putumayo, cumpliendo no solo la misión de apoyar a las poblaciones de territorios apartados, sino que también se convierte en una luz de esperanza para una familia que lo necesita.

Lo duro de una enfermedad se puede dividir en varios aspectos, pues entre los síntomas, el dolor y el estado de ánimo, hay un factor que es crucial para el ser humano, y es la estética.

La principal característica de esta enfermedad es una serie de tumores benignos que crecen a raíz del sistema nervioso, el problema, más allá del daño nervioso y neuronal, es también un daño físico y psicológico pues estos tumores deforman el cuerpo.

Para Camilo y su esposa no resulta fácil mantener siempre la fe en alto, pero son unos padres luchadores que sueñan con ver a su hijo estudiando, jugando y creciendo como cualquier otro niño de su edad, porque en medio de la lucha se vale soñar y eso es posible gracias a los ángeles que aparecieron en su camino.

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