Una de las tareas más apremiantes del Hogar Santa Rita de Casia, consiste en lavar diariamente los montones de ropa que utilizan los 62 niños que se cuidan en la casa y la situación de pandemia impidió que nuestros ángeles voluntarios nos tendieran su ayuda en esa ardua labor casi durante un año. Hoy día la señora Francis Preciado, integrante del equipo de servicios generales de la Fundación, tiene a cargo esta difícil tarea y cada día se enfrenta con montañas de ropa para lavar, poco espacio para colgar y solo dos manos para doblar y poner  en cada cajón la ropa de cada uno de los niños.

Esta situación fue conocida por Marcela Sanabria y Oscar Torres, propietarios del Lavaseco El Cisne, quienes visitaron la Fundación hace un año y no dudaron un minuto en poner en acción su deseo de ayudar. Tercerizar este servicio con ellos fue lo mejor y a pesar que la pandemia también los afectó, pues sus clientes principales son el sector hotelero, siempre estuvieron comprometidos con la causa.   Así que cada 8 o 15 días, sin falta, envían un vehículo a recoger la ropa sucia de la casa.  Ellos saben que ayudar a los demás enriquece a las personas y ese es el legado que quieren dejar a sus hijas y que también sirve de ejemplo para los empleados, quienes, enseñados a doblar la mantelería de los hoteles, ahora también se reúnen en una mesa a doblar la ropa de bebés.

“Lavar una almohada, una cobija en casa no es tan fácil, por eso quisimos colaborar, recogiendo la ropa en la Fundación para luego entregarla limpia, doblada y empacada” dijo Marcela Sanabria. Ese amor con que reciben y entregan la ropa limpia en casa, motiva no solo a Francis sino a toda la familia Proyecto Unión, siendo este es un gran ejemplo de compromiso y solidaridad con quienes más lo necesitan.

Gracias a todos los integrantes del Lavaseco El Cisne por ayudarnos a transformar vidas.

Ayudar es fácil, solo necesitas poner en acción tu deseo de ayudar, te esperamos.

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