Todo comienza entre los años 1930 y 1940, con Don Bernardo Peláez González, quien junto a su esposa Pepita Echeverría, se posicionan como una de las familias con más renombre en el país, fundadora de grandes empresas, como la Federación Colombiana de Cafeteros. Al estar involucrados de primera mano con el negocio del café, sus viajes por Colombia y el mundo eran muy frecuentes. En el año 42 esta pareja decidió viajar a Italia, específicamente a Cascia, en donde sufrieron un accidente, del que afortunadamente salieron bien librados y después de ese acontecimiento, hicieron la promesa a Santa Rita de Cascia, de llevar a Colombia la devoción hacia esa Santa.

Aunque Santa Rita de Cascia no era muy conocida, ellos fueron los que trajeron la devoción al país, sin embargo la familia seguía viajando anualmente a Cascia. En el año 50, el Papa Pío Xll dispone que las reliquias de la Santa sean dispersadas alrededor del mundo para que la devoción se extendiera. El renombre de la familia, esta vez no por sus empresas, sino por su influencia y devoción hacia la Santa, hizo que una de las reliquias fuese entregada a la familia Peláez y no a la Iglesia Católica.

Así fue como la reliquia pasó a manos de los Peláez, quienes se encargaron de que la devoción se extendiera por el país. Novenas, misas, iglesias de las que ellos fueron donantes de terreno y hasta la fiesta de la Santa, celebrada el 22 de mayo, se dieron gracias a las labores de Don Bernardo y Pepita. Sus hijos, Gabriela, Pepita y Bernardo, continuaron con la difusión de la devoción, incluso después de la muerte de doña Pepita, en el año 54.

En esta historia vale la pena destacar que Gabriela, la hija mayor de los Peláez, fue la primera mujer abogada en Colombia, una luchadora de los derechos de la mujer, fue apasionada por la lucha feminista. La influencia de la familia siempre estuvo presente, y en el año 58 a Gabriela se le otorga el puesto de embajadora ante la OEA, allí comienza a trabajar en un proyecto que pretendía contribuir al déficit de educación en Colombia, que consistió en la enseñanza de oficios de la época como tejer, escribir y otros en una casa que actualmente lleva su nombre “Hogar Santa Rita de Cascia”. Alberto Lleras Camargo, presidente en ese entonces, apoyó a Gabriela cediéndole por más de 100 años, un terreno ubicado en la zona de Chapinero, en la Cra 5 67-74 para que allí se cree la Fundación Santa Rita de Cascia y siga impartiendo educación.

Cuando los hermanos menores de Gabriela mueren, ella queda a cargo de la institución educativa, la cual a mediados de los 80, estaba pasando por una crisis. A sus 77 años, sin esposo, hijos, o sobrinos, confía la historia de su vida y solicita consejo a una de sus amigas más cercanas, doña Lupe Nieto de Parra. En determinado momento de la historia, la fundación se volvió insostenible, entonces Gabriela decidió que era el momento de entregarla a alguien que pueda mantenerla en pie, y allí es donde el Hermano Ray Schambach entra hacer parte de esta historia. Establecieron un convenio que duró poco más de cinco años, pero para el año 2000, por problemas de salud del Hermano Ray, la fundación nuevamente estaba en la cuerda floja.

Gabriela en sus últimos años de vida hace la petición a Lupe de Parra, su amiga de siempre, para que su familia se haga cargo de la fundación. Ante la crisis, con el deseo de acertar y brindar tranquilidad a los últimos días de vida de Gabriela, Hernando, abogado e hijo mayor de doña Lupe, en nombre de la familia Parra Nieto, decide que lo mejor sería restituir el edificio para liquidar la fundación y entregarla, ya que ellos no podían sostenerla. Pero un día, por cosas del destino, en las instalaciones de lo que hoy se llama Hogar Santa Rita de Cascia, el Hermano Ray, le presenta al Dr. Fernando Quintero a doña Lupe y allí, tras una breve charla, cambia radicalmente la historia de la Fundación.

El Dr. Fernando Quintero logró impedir el cierre y asumió esa responsabilidad, pues una de las cosas que ni doña Lupe, ni Hernando querían, era dejar a los niños en la calle. Aunque el Ministerio de Educación siempre ponía sus trabas, la fundación continuó con una nueva visión, enfocada en el área educativa, pero no tradicional, sino una educación especial, en donde actualmente cuatro niños beneficiarios adelantan sus estudios bajo la modalidad del Programa Aula Hospitalaria de la Secretaría de Educación.

Y así gracias al amor y el compromiso de la familia Parra Nieto y la Junta Directiva, en cabeza del Dr. Hernando Parra, hoy Rector de la Universidad Externado de Colombia, se ha logrado defender este lote y su misión, ya que goza de gran interés y es donde actualmente se vela por el cuidado de 62 niños beneficiarios del Hogar Santa Rita de Cascia de la Fundación Proyecto Unión. “Nuestra familia se siente muy afortunada de saber que le entregamos este lugar a una persona con noble corazón, inteligencia y sabiduría que desde hace más de 20 años lo convirtió en un refugio para los niños más necesitados de Colombia”, expresó doña Lupe de Parra.

Por otra parte, cuando Gabriela murió en el año 2000, la custodia de Santa Rita se la entregaron a la Arquidiócesis de Bogotá, y una de las estatuas que ellos habían traído de Italia, fue entregada a la Iglesia de Santa Rita del barrio el Country de Bogotá. Aunque muy pocos lo conocen, el origen es uno solo y de ahí partió toda esta gran historia, es por ello que hoy nos unimos con gratitud para celebrar en nuestro hogar, un homenaje a nuestra Santa, “patrona de los imposibles”, para que guíe por siempre los destinos de la Fundación Santa Rita de Cascia.

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