[av_one_full first min_height=» vertical_alignment=» space=» custom_margin=» margin=’0px’ padding=’0px’ border=» border_color=» radius=’0px’ background_color=» src=» background_position=’top left’ background_repeat=’no-repeat’ animation=» mobile_display=»] [av_slideshow size=’no scaling’ animation=’slide’ autoplay=’false’ interval=’5′ control_layout=’av-control-default’] [av_slide slide_type=’image’ id=’6026′ video=’http://’ mobile_image=» video_ratio=’16:9′ title=» link_apply=» link=’lightbox’ link_target=»] Aida Cano (izq) Coordinadora
del Comedor María es mi Madre
con nuestra Ángel donante
Martha Chacón.
[/av_slide] [av_slide slide_type=’image’ id=’6027′ video=’http://’ mobile_image=» video_ratio=’16:9′ title=» link_apply=» link=’lightbox’ link_target=» video_controls=» video_mute=» video_loop=» video_autoplay=»] Cada uno de los beneficiarios
recibió un refrigerio y elementos
de aseo.
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Desde hace dos años Martha Liliana Chacón, una mujer trabajadora  y comprometida con los más necesitados, decidió apostarle a crear su propia empresa, “Lilo dulzura de corazón” un lugar como su nombre lo indica, muy especial,  en donde todos los días ella, a quien cariñosamente le dicen Lilo, prepara con el corazón dulces recetas y detalles para todas las ocasiones. Luego de seis meses de apertura, ella decidió destinar parte de sus ganancias semestralmente a los más necesitados, comenzando por la Fundación Proyecto Unión.

Sus primeras ganancias  fueron invertidas para los niños del Hogar Santa Rita de Cascia de la Fundación Proyecto Unión, en esa oportunidad, llevó al Hogar elementos básicos como pañales, pañitos y leche que se utilizan diariamente para el cuidado y alimentación de  los 63 niños. Su generosidad siempre está presente en la Fundación y le ha permitido mejorar la calidad de vida de los beneficiarios; en esta ocasión, 250 abuelitos de Casa de la Esperanza y del Comedor María es mi Madre recibieron el sábado pasado 250 kits de aseo y 250 refrigerios, que incluían una deliciosa torta preparada con el cariño y el corazón, que ella siempre pone a  sus recetas.

Gracias a este tipo de iniciativas, el  adulto mayor habitante de calle, en su mayoría, abandonado  por su familia, recibe la atención y el cariño que requiere, haciéndolo sentir  parte importante de una sociedad.

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