La mirada de Paola Quintero refleja mucha fuerza, pues ella es toda una guerrera. Está dispuesta a hacer lo que sea por sus dos grandes amores, su familia y sus “segundos hijos” los niños del Hogar Santa Rita de Cascia.

Desde pequeña siempre ha dedicado su vida al servicio, pues cuando era más joven, su madre Janeth Prieto, la impulsó en la entrega y el servicio a los demás. Dedicaba su tiempo a niños y abuelos brindándoles su ayuda, ya fuese vistiéndolos, alimentándolos o, como dice ella, consintiéndolos mucho. Esto fue lo que la impulsó a escoger una profesión que se dedicara al servicio como lo es la enfermería.

Preguntarle a Paola por su trabajo es preguntarle por su vida entera, pues se entrega de lleno a este; al oírla hablar, se nota la pasión que siente por su vocación, es su vida entera. Ella ha estado en la Fundación Proyecto Unión durante 10 años, la considera su segundo hogar, pues su familia, como ella se refiere a los miembros de la fundación, han estado ahí en las buenas y en las malas brindándole su apoyo incondicional.

Todos los días, ella sale de su casa a las 5:15 a.m. para llegar a las 6:00 a.m. y poder llevar a los niños a sus citas médicas, exámenes e incluso cirugías. Para ella, las enfermeras tienen el trabajo más duro, porque diariamente se tiene que enfrentar a largas filas, tiempos de espera eternos y médicos que les quitan toda clase de esperanza. Lo bueno, asegura ella, es que en más de una ocasión ha tenido la oportunidad de ver cómo pequeñitos, con panoramas no muy buenos, se recuperan gracias a las atenciones que reciben de parte de la familia Proyecto Unión; sus ojos se empañan al hablar de este tipo de experiencias.

Cuando no está trabajando, dedica todo su tiempo a sus dos hijos, Sergio de cinco años, y Emmanuel de un año, a los cuales se refiere con mucha ternura y a quienes trata de traer de vez en cuando a la fundación. Según cuenta ella, cuando su hijo mayor la acompaña los días sábados al hogar, la ayuda bastante; hace trasteos, levanta cosas, ayuda a bajar a los niños en sus sillas de ruedas, etc. Sin embargo, el acto más hermoso que realiza Sergio, por los angelitos del hogar, es orar por ellos todas las noches.

Paola tiene muy claro que su meta en la vida es hacer conocer a estos niños, que las personas sepan que existen y que también necesitan de su atención y para eso, con su alma de guerrera, está dispuesta a enfrentarse a una sociedad que durante mucho tiempo los han dejado de lado.

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